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Con más de 30 años de trayectoria, Maribel Campos lleva el arte circense en su sangre. En esta entrevista nos cuenta cómo es crecer bajo una carpa de circo. 

¡Me fui con el circo!

¿Cómo llegó el circo a su vida?

Nací en Cúcuta, mi mamá y mi papá estaban en un parque de atracciones, se fueron para un circo y allí me criaron. Andaron muchos años en uno que se llamaba El Circo Continental. Ahí transcurrieron los años, yo fui creciendo, venía a Manizales, estudiaba, me iba con mi hermano a vacaciones y volvíamos.

En mi adolescencia yo veía un circo y a mí me motivaba, me gustaba. Cumplí la mayoría de edad y cierto día vino un circo a Manizales, yo decía ¡ay que rico irme en el circo! y como mi mamá tenía amigas allá, fuimos y me dijeron que podía ser bailarina. Tenía 18 años y nos fuimos para Medellín, así empecé.

Tuve a Katherine en Venezuela y después nos vinimos para Colombia. Mi mamá me colaboró mucho, la traje a Manizales a estudiar. Mi mamá se iba de vacaciones con ella y se quedaban dos meses cuando era diciembre. Con el transcurrir de los años yo ya no era bailarina, fui taquillera muchos años, de ahí me ascendieron a secretaria, luego a encargada de las ventas y toda la contabilidad.

Una anécdota que recuerdo mucho es que mi mamá llevó a los niños a Bogotá y cuando tenían que volver, mi hijo se escondió, lo busqué por todo lado y estaba escondido en un árbol al frente de la casa donde vivíamos. Dijo que no se quería venir a estudiar a Manizales, que él adoraba el circo, aunque Lloró y lloró, le tocó venir a estudiar. Él fue el más rebelde porque adora y quiere el circo. Terminó el bachiller, se quedó conmigo, ahora es artista y está en el exterior.

Cuentenos su experencia en el Circo Continental 

Ese circo se acabó, era un un circo donde trabajó mi papá y mi mamá. Mi papá toda la vida fue taquillero y casi la mano derecha del jefe. Yo era una niña, siempre andaba con ellos hasta que me trajeron a estudiar. Se aburrieron del circo, se estabilizaron en Manizales y mi papá obtuvo la casa que tenemos ahora. Después de cinco años falleció. 

También trabajo con el Circo Domínguez Hernández,¿Verdad? 

¿Cómo se preparaba un show?

Cuando yo trabajaba, lo primero que había que hacer era firmar un cuaderno de asistencia. Teníamos un espacio donde todas nos vestíamos, nos cambiabamos e igual los hombres tenían su espacio. Allí nos organizamos las pestañas y la pintura. El tiempo estaba calculado, cuando empezaba el show teníamos que estar atrás de la cortina o como le dicen en el circo, el coreto. 

En muchas ocasiones me quisieron enseñar trapecio pero me gustaban los bailes y las coreografías, éramos 15, 16 o 20 mujeres en la pista. 

Cuando había un error de algún artista, nos quedábamos ensayando. Normalmente comíamos a las 9, 10 u 11 de la noche.  

La primera vez que me fui con ellos, era un circo pequeñito, estaban apenas empezando. Nos fuimos para Medellín, allí estrenaron una carpa grande muy bonita y en ese tiempo ensayamos mucho los bailes porque empezamos una gira con el payaso Mickey, Bebé y Tribilín. 

A Bebé le gustaba mucho tener muñecos y nosotros nos disfrazamos de muñecos grandes, salíamos a bailar y a hacer el show para niños. Después se acabó esa gira, el circo se fue para Venezuela y allá duré 6 años, tuve a mi hija y nos vinimos para Colombia, quería estabilizarme pero...el circo lo hala a uno. Nos volvimos para el circo y ahí fue donde llegué a la empresa de los Hermanos Gasca donde trabajé muchos años.

¿Cómo fue el proceso de vivir y criar a sus hijos en el

circo

Las luces. Actualmente hay mucha tecnología, decoración y juego de luces en el escenario. En el circo anteriormente no lo había, además, el circo tradicional era de tablitas y alquilaban cojines para sentarse, ahora se sientan en sillas cómodas. Anteriormente también había muchas bailarinas en el escenario, yo voy a un circo y veo a dos o tres adornando los números pero no shows de baile como antes.

Algo que nunca va a cambiar son las crispetas, la tradición del circo. Aunque las haga en la casa, no van a saber ni oler igual. 

Descríbanos su trayectoria

Todo ha cambiado mucho, por ejemplo, ya no hay animales, que era una tradición. Cuando fui secretaria era encargada de comprarles la comida. Tenían que comer en la mañana porque en la noche tenían función, los trataban bien.

¿Qué ha cambiado en el circo?

La familia Domínguez Hernández tiene dos circos en Colombia, yo me fui para uno de ellos. Duré muchos años, hice muchas cosas, ya no iba de bailarina, el tiempo cambia, los años pasan y todo cambia. Como taquillera duré 12 años. Estuve con mi hija y mi hijo estaba en Manizales estudiando. Mis dos hijos se quedaron estudiando y yo me quedé allá trabajando.

Mis hijos fueron lo más bonito que yo tuve estando en el circo. Me pareció muy bonito que me dejaron trabajar estando embarazada. Tengo un hijo menor de 17 años, a él lo tuve en Sincelejo. Gracias al circo los pude sacar adelante. Lo más gratificante fue conocer gente, costumbres y Colombia. Hoy si tengo la oportunidad de que el circo esté en Armenia, Pereira o Ibagué, yo voy.

Anteriormente no se garantizaba la salud pero ahora si yo me enfermo me mandan al médico y tengo que traer un comprobante de que estuve allá para que me paguen el día y debe haber algo que garantice que si alguien se enferma o le pasa algo el circo deben responder. 

Nunca pensé en salirme del circo pero mi esposo quería estar estable. El circo puede tener mucha diversión pero no se tiene nada estable. La vida del circo es muy distinta a la vida cotidiana. El problema era empezar de cero aunque mi familia me apoyó mucho. Mi esposo consiguió trabajo a los ocho días y nos acostumbramos a ganar quincenal porque en el circo se ve la plata todos los días. Fue duro adaptarnos a la nueva vida. En el circo los espectáculos eran de noche entonces no salía a ningún lado solo a trabajar, trabajar y trabajar.

¿Por qué decidió dejar el circo de forma permanente?

¿Qué significa el circo para usted?

Me salí hace 12 años y fue muy duro, toda mi vida fue en el circo. Nosotros andábamos con una colchoneta y fue duro acostumbrarme a una cama, iba a voltearme y sentía que me caía porque pensaba que estaba en la colchoneta. Duré como 3 meses con estrés, se me empezó a caer el pelo. Mi mundo era el circo y tenerme de adaptar a estar en la casa acostumbrada a la bulla, a la gente fue difícil hasta que me acostumbre a vivir la vida común como todo el mundo en la ciudad.

¿Existen garantías para los artistas circenses?

Para mí el circo fue mi vida.

Donde nací, me crié, maduré, tuve mis hijos y amistades bonitas. El circo fue mi vida y es mi vida. Siempre voy a estar ahí, mientras tenga salud y vida.

Un amigo de nosotros lo contactó para ir a trabajar y él dijo que sí. Para mí fue duro porque era la primera vez que me separaba de un hijo. Allá lleva nueve años, hace dos que no viene. 

Allá hace el Globo de la Muerte, es técnico de las motos, les pone las luces, tienen un espectáculo muy bonito. Hace el Péndulo y a veces el jefe lo manda para otra ciudad, con otro espectáculo. Ha sido muy responsable, le gusta su vida.

Cuando mi hijo cumplió los 18 se quedó conmigo en el circo ensayando el Globo de la Muerte hasta que le salió un contrato para el exterior. A mi hija de pequeña le gustaba mucho la bulla, las maromas, las piruetas y estudió artes escénicas con énfasis en teatro. Todo se lleva en la sangre.

¿A qué se dedica su hijo en China?

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